No hay quinto malo.

La mujer que busca comienzos tejió cuatro muestras y, como no hay quinto malo, encontró el centro de su granny gigante. Primera pasada en verde por aquello de “verde esperanza”  que 100 pasadas son muchas pasadas; segunda pasada azulona porque así pintaba el cielo cuando empezó; tercera pasada amarilla por el calor asfixiante que hacía fuera de su cubil; vuelta al verde (la esperanza es lo último que se pierde y a optimista no le gana nadie) y de nuevo azul, porque no oscurecía ni apagando la luz. Después de un breve descanso se decidió por un morado nocturno y remató con un violeta que por algo es el color de menor longitud de onda y, dada la hora en que terminó de tejer, ya no distinguía la aurora del crepúsculo.

Habiendo tejido durante la noche, pendiente de los grupos que ha formado Angie, en flickr y en Ravelry, con otras tejedoras a las que sigue y a veces hasta persigue para ver sus avances (72 crochetnautas, término que acuño en honor a una de las integrantes del grupo, “La Crochetnauta“) decidió guardar los trastos.

Continuará.

                                          

                                        

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